
The Legend of Zelda: Ocarina of Time salía a la venta para Nintendo 64 en 1998. Tras el éxito de A link to the past en Super Nintendo, la compañía de Kioto tenía el reto de llevar la saga a las tres dimensiones. No era fácil, pero Miyamoto ya lo había logrado con Mario 64 y, como no podía ser de otra manera, volvió a conseguirlo con Ocarina of Time. No fueron pocos los que se hicieron con una Nintendo 64 para poder disfrutar de semejante obra de arte. Y es que fue tal el éxito del título, que hoy es considerado por muchos uno de los mejores videojuegos de la historia.
The Legend of Zelda: Ocarina of Time recreaba un mundo tridimensional en el que teníamos la sensación de ser capaces de hacer cualquier cosa. Pero además de esa absoluta sensación de libertad, crecíamos junto a Link, nuestro protagonista. Veíamos con asombro cómo amanecía y contemplábamos atónitos la puesta de sol; el tiempo pasaba e Hyrule evolucionaba; el mimo se apreciaba en todos y cada uno de los detalles de la obra; y mientras, la aventura épica que se nos narraba nos dejaba con la boca abierta. Significaba entrar en otro mundo repleto de matices y formar parte de él y de su aventura. Era algo, en suma, totalmente increíble para la época en la que fue lanzado el título.

Han pasado ya catorce años desde entonces, y obviamente la evolución de los videojuegos ha sido muy importante. Hoy no sorprende encontrar títulos que nos ofrecen mundos tridimensionales, están a la orden del día. Pero lo que sí llama la atención es que trece años después de aquel lanzamiento de The Legend of Zelda: Ocarina of Time para Nintendo 64, la compañía japonesa fuera capaz de sacar a la venta un remake que parece haber sido desarrollado directamente para Nintendo 3DS. Sorprende porque salvo por el magnífico efecto 3D y algunas mejoras gráficas -más algún otro detalle-, podría decirse que el juego es exactamente el mismo que el de Nintendo 64: la trama, los puzles, las luchas, los jefes finales… Nada ha cambiado. Aporta, eso sí, una estupenda traducción al castellano que en su día echamos mucho en falta. Pero, como digo, lo esencial del título no ha variado. Y sin embargo lo he disfrutado como un enano en mi Nintendo 3DSXL, pues The Legend of Zelda: Ocarina of Time es un juego inmortal y eterno. Y este remake de la portátil de Nintendo no hace sino engrandecer todavía más su leyenda.
Una aventura apasionante
Todo comienza con una pesadilla. En ella, es de noche y llueve copiosamente. En mitad de una atronadora tormenta, un enorme castillo abre su puerta y un caballo blanco la franquea al galope como si huyera de algo o alguien. Una niña rubia marcha a lomos del equino. Mientras se aleja, se gira para mirarnos como si deseara algo de nosotros. Y ahora llega el susto: nos damos la vuelta y contemplamos a nuestro lado a un caballo negro, enorme y montado por un tipo pelirrojo con muy mala pinta, que se alza sobre sus dos patas traseras. El jinete nos mira y levanta su brazo. Nos va a hacer algo, y nada bueno. ¡Oh no! ¡Corremos peligro! Y es entonces, en el momento más tenso, cuando se termina la pesadilla.

Así comienza The Legend of Zelda: Ocarina of Time. Se trata de un inicio digno de la mejor película de aventuras, y que nos deja claras un par de cuestiones: hay un malo malísimo y estamos destinados a hacer algo grande. El gran árbol Deku no tarda en confirmárnoslo: él no será capaz de proteger por más tiempo Kokiri del cada vez más poderoso mal que habita en Hyrule. Ha llegado la hora del elegido, del héroe, de Link. Ha llegado nuestra hora, de modo que comienza así una aventura apasionante en la que viajaremos y creceremos junto a nuestro personaje. Da inicio, pues, el viaje del héroe tantas veces contado, pero en pocas ocasiones de forma tan magistral.
3D y mejores gráficos
Una de las diferencias más importantes de este remake con respecto a la versión de la Nintendo 64 es el efecto 3D. Ver Hyrule, la extensa llanura, los enormes castillos, los imponentes enemigos, las mazmorras… contemplar todo eso en tres dimensiones es una gozada. Pero es que además el efecto está muy bien implementado. Ha sido el primer juego que he terminado en esta consola, y lo he hecho con la opción 3D activada de principio a fin, sin excepciones. Y a diferencia de lo que he oído por ahí -quizá sea referido a otro juego, no lo sé- el efecto no marea. Es verdad que al principio tenemos que acostumbrarnos, pero no tardamos en hacerlo y le cogemos el gusto en seguida. Y os digo que merece la pena.
Este efecto luce más si cabe debido a la notable mejora de los gráficos de este remake. Si le echamos un vistazo a la versión de la 64, comprobaremos que el Ocarina of Time 3D ha mejorado en este sentido. No en vano, se ha incrementado el número de polígonos y se han mejorado también las texturas. Además, se ha rebajado la niebla característica de las obras de Nintendo 64. El resultado es una versión que no cambia un ápice en lo que respecta a la esencia del juego, pero que no tiene nada que envidiar a los títulos de hoy gracias al acertado lavado de cara que ha sufrido. La sensación es la de estar jugando al Ocarina of Time clásico, pero en tres dimensiones y con mejores gráficos. Casi nada.
En cuanto a las músicas, el trabajo de Koji Kondo es sublime, y resulta difícil destacar un tema por encima de los demás. Todos contribuyen a sumergirnos todavía más en la aventura, y son capaces de contarnos cosas por sí solos. Eso sí, continúan exactamente igual que en la versión de Nintendo 64, cosa que podría haberse mejorado.
Controles, diálogos y extras
Antes señalaba que el juego parece haber sido desarrollado por primera vez para Nintendo 3DS. Uno de los motivos que nos empujan a pensarlo es que los controles son perfectos, incluso más cómodos que en la versión de la 64. La pantalla táctil sirve para cambiar de equipo y de objetos, para ver los mapas, e incluso para añadir un par de botones a los controles. Si en la versión original del juego teníamos que pulsar START a menudo, aquí bastará con que escojamos las opciones pertinentes en la pantalla táctil. Todo es más rápido, ágil y cómodo. Un acierto.
Y si los controles mejoran y facilitan la experiencia, la traducción es absolutamente decisiva en este sentido. Recordemos que tenía -al menos en nuestro país- una gran pega: estaba en inglés. Para compensar este error, el juego se vendió con una guía con los diálogos traducidos. Pero estaba desordenada y corríamos el riesgo de tragarnos un spoiler en cualquier momento. Era una locura. Con este remake podemos por fin jugar a esta obra de arte totalmente en castellano. Y además, la traducción es buena, incluyendo incluso algún que otro coloquialismo que en absoluto chirría.

El juego nos ofrece, además, dos opciones extras de juego que tendremos que desbloquear: el modo Master Quest y el modo Boss Challenge. El primero nos da la oportunidad de volver a vivir la aventura de Link, pero añade dificultad y cambia los escenarios como si éstos se estuvieran reflejando en un espejo. En el segundo podremos enfrentarnos a todos y cada uno de los espectaculares jefes finales. Podremos hacerlo por separado, pero también de forma continuada, uno detrás de otro. Así que si ya habéis terminado el juego, aquí tenéis un par de nuevos retos que no están nada mal.
Conclusión
Nintendo demuestra con este remake que The Legend of Zelda: Ocarina of Time es un juego eterno. Manteniendo intacta la esencia del título y aportando importantes mejoras como el efecto 3D o los gráficos, Nintendo 3DS nos brinda la oportunidad de revivir, trece años después, aquella épica e inolvidable aventura que vivimos en 1998. Además, la traducción al castellano es buena, y la pantalla táctil mejora la experiencia de juego. Y por si todo esto fuera poco, el remake incluye un par de extras que alargarán la vida del juego. Como aspecto negativo, se echa en falta un cambio o retoque en el sonido, que continúa igual que en la versión original. En cualquier caso, si en su día lo disfrutaste en Nintendo64, juégalo ahora en 3DS porque te va a encantar. Y si nunca lo has jugado… ¡por dios! ¡Ponle remedio a eso ya!
Lo mejor
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The Legend of Zelda: Ocarina of Time es un juego inmortal.
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El efecto 3D está muy bien implementado.
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Que esté traducido al castellano es un detalle.
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Los gráficos mejoran, pero sin cambiar un ápice la esencia del juego.
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La pantalla táctil está muy bien aprovechada.
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Las músicas: ¡qué temazos!
Lo peor
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Quizá se podía haber incluido algún contenido extra más.
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El sonido no se ha tocado.
By Gorka
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