
Hoy reivindico los videojuegos. Frente a informaciones sesgadas y sensacionalistas de la prensa no especializada; contra cadenas de televisión que solo hablan de esta industria para afirmar que los videojuegos son violentos o crean adicción; frente a informaciones sin contextualizar y que ocultan gran parte de la verdad. Contra todo eso, los reivindico. Y lo hago a través de una serie de animales videojueguiles, carismáticos y legendarios, que nos demuestran que en este mundillo no solo hay sangre y muerte, sino también valores y ejemplos a seguir. Porque los animales no solo nos dan lecciones en la vida real. También lo hacen en los videojuegos. Y en este artículo os acerco varios ejemplos.
Sonic, el justiciero

La mascota de Sega fue creada para plantar cara a Mario. Tras la intentona fallida con Alex Kid, la compañía japonesa apostó por un erizo azul y antropomorfo que corría que se las pelaba. El resultado no pudo ser mejor. ‘Sonic: The Hedgehog’ es hoy uno de los grandes clásicos de la historia de los videojuegos. Y lo es porque en su día supuso una manera diferente de entender el género de las plataformas. Además de aportar unos escenarios coloridos como pocos en aquella época, el juego se desarrollaba a una velocidad por encima de la habitual. Eso sí, nada de ir a lo loco porque entonces la liábamos. Al menos en aquella primera entrega.
Pues bien, el erizo más rápido de los videojuegos tenía una misión: salvar a los animales secuestrados por el infame Ivo Robotnik. Y no cejaría en su empeño hasta lograrlo. Jugándose su propio pellejo, Sonic haría todo lo necesario para detener a un villano que pretendía usar a los animales para hacer funcionar sus robots, y ya de paso gobernar el planeta Mobius. Así que el erizo no se lo consentiría. Henchido de arrestos y valentía, la mascota de Sega se rebelaría ante tal posibilidad y salvaría de las garras de Robotnik a los animales y al mundo. Con un par.
No te metas con un gorila…

Donkey Kong llegó a los 16 bits pisando fuerte. De la mano de Rare, aquel inolvidable ‘Donkey Kong Country’ asombró al mundo entero gracias a sus excelentes gráficos. Corría ya el año 1994, y la disputa entre Megadrive y Súper Nintendo había sido dura y encarnizada. La balanza se inclinaba a favor de la compañía de Kyoto, pero a Megadrive le faltaba la puntilla. Y Donkey Kong Country se la dio.
Lo que hizo grande a este título no fueron solo los gráficos y las músicas, sino también el carisma de su protagonista. Donkey Kong era un gorila con corbata: un tío con clase. Y que, además, defendía lo suyo. Por eso no se anduvo con chiquitas cuando King K. Rool, el villano del juego -rey tenía que ser-, le robó su reserva de plátanos. A él y a su amigo Diddy Kong, con quien formó tándem para buscar justicia. Juntos se enfrentaron al monarca y a todo lo que se les opuso, y nos enseñaron que, cuando nos roban algo, somos nosotros quienes tenemos que asumir la responsabilidad. ¡Otro gallo nos cantaría con esta crisis si los buenos de Donkey y Diddy anduviesen por aquí!
Los verdaderos ‘galácticos’

Star Fox constituyó una auténtica revolución cuando salió al mercado en 1993. Habituados como estábamos a los juegos en 2D, este título nos maravilló ofreciéndonos una experiencia de naves espaciales en tres dimensiones. Lo hizo gracias al famoso chip Super FX que incluía el cartucho. Viéndolos ahora, quizá sus gráficos nos decepcionen. Pero la verdad es que por aquel entonces nos parecían increíbles, pues sabíamos que los polígonos eran el futuro. Y que una consola de 16 bits como la SNES fuera capaz de hacer algo así tiene mérito.
Pero si este juego llegó a vender cuatro millones de copias en todo el mundo no fue solo por eso. Al fin y al cabo, Stunt Race también contaba con el tan aclamado chip FX, pero ni mucho menos cosechó el éxito de Star Fox. De modo que había algo más, claro. Había una historia y, sobre todo, cuatro personajes cada cual más carismático. Y juntos formaban un equipo indestructible.
Eran el zorro Fox McCloud, el halcón Falco Lombardi, el conejo Peppy Hare y el sapo Slippy Toad. Fox ejercía de líder, Falco aportaba su inigualable pericia como piloto, Peppy compartía su experiencia, y Slippy… sí; Slippy pedía ayuda sin parar. Es lo único que hacía el sapo en el Starfox de la SNES. Sin embargo, en versiones posteriores evolucionó, y aunque seguía pasando apuros de cuando en cuando, terminó siendo el genio e inventor del grupo.
Así que todos aportaban su granito de arena. Por separado, nunca habrían sido capaces de hacer frente al poderoso y malvado Andross. Pero los cuatro animales hacían piña, se ayudaban los unos a los otros y completaban un equipo carismático e inolvidable. Eran los verdaderos galácticos. Para que luego digan que los videojuegos no nos enseñan nada.
El mejor amigo de Mario

Pocos dudan de que Super Mario World es uno de los grandes juegos de la historia. Lanzado en Europa en 1991, el título del fontanero bigotudo tuvo un hueco en los hogares de casi todos aquellos que teníamos la Súper Nintendo. ¡Y cómo lo disfrutábamos! Saltar, correr, volar… todo eso podía hacerse en aquel mítico juego. No le faltaba de nada, era un título infinito. Pero además de todo eso, Super Mario World incluyó una gran novedad con respecto al gran Super Mario Bros. 3: el debut de Yoshi.
Y si se dice que el perro es el mejor amigo del hombre, Yoshi -una especie de dinosaurio- es el mejor amigo de Mario. Porque desde entonces ha ayudado al fontanero italiano siempre que ha tenido oportunidad. En su primera aparición, Yoshi transportaba a Mario en cuanto salía del cascarón, y aplastaba y se tragaba todo lo que fuera menester con tal de echar un cable a su amigo. Sin embargo, para entender la magnitud de esta amistad tenemos que acordarnos de un juego posterior: el Yoshi´s Island.
Y es que este título nos explicaba el origen de esta férrea amistad. El malvado Kamek trató de secuestrar a Baby Mario y Baby Luigi. Solo logró su objetivo con el segundo, mientras que Mario quedó abandonado y desamparado en la isla de los Yoshis. Fue entonces cuando el dinosaurio verde se ató los machos y comenzó su aventura con el objetivo más plausible del mundo: llevar a Mario con su familia. Y si esto no es amistad y fidelidad, que venga Miyamoto y lo vea.
Un intrépido delfín

Aunque el éxito de Ecco the Dolphin no es comparable al de los anteriores títulos, el del delfín también fue un gran juego. Lanzado para Megadrive en 1992, nos contaba una historia de animales, seres humanos -atlantes- y extraterrestres. Ciencia ficción en estado puro. Y su éxito se debió, además de a la dificultad de los puzles, a una trama compleja y muy original.
El juego venía a contar que humanos y atlantes formaron en su día una alianza. Su objetivo era doble: acoger a los animales expulsados de otros planetas por la raza de los ‘Vortex’, y crear un arma para evitar la invasión de la tierra. Y lo lograron, hasta que un día desaparecieron los humanos. Fue entonces cuando Ecco, marcado como el elegido mediante una señal en su frente, debió asumir su responsabilidad e hizo todo lo posible para detener a los malvados enemigos.
Así que el juego nos transmitía un par de mensajes. Primero, que humanos y animales deben convivir y no destruirse. Y segundo que, tal y como hace Ecco, hay que hacer frente a las dificultades por muy mal dadas que vengan. Pero claro, supongo que los videojuegos son violentos y crean adicción. Y ahí nos quedamos.
En fin, hasta aquí mi repaso a todos esos peculiares héroes videojueguiles. Si se os ocurre alguno más, comentad. Yo estaré echándome un Donkey Kong Country. Ya sabéis, haciendo un poco el animal…
By Gorka
-
n-do-in ha reblogueado esto desde harkergames y ha añadido:
Cuánta razón…
-
harkergames ha publicado esto