
Te niegas a aceptarlo. Te has quedado blanco, inmóvil. El corazón te late como un tambor. Cálmate, no pierdas los nervios, piensas. Pero resulta complicado. No puedes quitarle ojo a tu consola de videojuegos: tu amada y querida consola. Habías oído hablar de ello, sí, pero creías que a ti no te sucedería. ¡Con lo bien que la has cuidado! Y no es para menos, pues ella te ha dado grandes momentos. Horas y horas de diversión y emociones. Así que se merecía eso y mucho más. Solo faltaba. Por eso pensabas que a ti no te pasaría. La gente no cuida sus consolas, decías a menudo. Pero ahora ves que no era culpa de ‘la gente’, y que tu consola no es diferente. A ella también le ha llegado el día, y son momentos de rabia y frustración. ¡Qué impotencia! Sacudiendo la cabeza, te repites una y otra vez que no puede ser, no puede ser, no puede ser…
No quieres creerlo, de modo que comienzas a reaccionar. ¡Vamos, pequeña!, la animas mientras tratas de arrancarla de nuevo. Lo has intentado sin éxito varias veces, pero no desistes. Quizá si volvieras a acariciarla y achucharla… Ya lo has hecho otras veces cuando nadie te miraba, a escondidas. La quieres con locura, y ahora estás destrozado. De modo que, tras echar una mirada fugaz a ambos lados para asegurarte de que nadie te ve, la rozas con suavidad y ternura. Vamos, vamos... Y ahora, cruzando los dedos y tragando saliva, vuelves a pulsar el botón para encenderla. La miras quieto, aguardando una luz, un sonido, una señal… algo. Pero nada sucede. Nada. Y estallas. Llevándote las manos a la cabeza, chillas desconsolado. - ¡No puede ser! ¡Nooo!
Aunque es posible que este breve relato introductorio esté demasiado cargado de dramatismo, seguro que muchos recordamos con dolor aquel instante en que nos percatamos de que nuestra consola no volvería a funcionar. No estábamos muy contentos, ¿verdad? Y lo cierto es que la historia videojueguil está plagada de averías y defectos de los que hemos sido víctimas. Por eso, en Gaming is LIFE! nos acordamos hoy de los más sonados. Vamos a ello.
Unos 8 bits duros de pelar
La experiencia y la investigación previa a redactar este artículo nos llevan a la siguiente conclusión: las consolas de videojuegos antiguas tenían menos defectos. Ya fuera porque eran máquinas menos sofisticadas o debido a que se cuidaban más determinados detalles, la realidad es que aquellas consolas eran más fiables que las actuales. Y esto no quiere decir que fueran perfectas, pues no lo eran. Ellas también tenían sus ‘achaques’. Pero si las comparamos con las actuales podemos afirmar sin temor equivocarnos que eran duras como rocas.
El mejor ejemplo lo tenemos en aquella inolvidable Game Boy. La primera, la genuina. La que todos conocemos como Game Boy ladrillo. Y es que no hay mejor forma de definirla. La mítica portátil de Nintendo aguantaba impasible golpes y encontronazos. A ella no le importaba, continuaba funcionando a la perfección. Era gruesa y pesada, lo cual beneficiaba su resistencia. Sin embargo, no era oro todo lo que relucía. Porque, aunque en conjunto era una compra que se amortizaba con creces, las horas terminaban pasándole cierta factura, y podía suceder que algunas de las líneas horizontales de la pantalla dejaran de verse. En cualquier caso, nuestro ladrillo continuaba funcionando a no ser que le pasara un tren por encima. Comparado con lo que vemos hoy día, era una garantía.

Quizá la oveja negra de aquella generación - en lo que a averías respecta - fue la Game Gear, ya que la portátil de Sega sí dio más problemas. Al parecer, en ocasiones estas máquinas tenían errores gráficos, o de audio o al arrancar. Podía pasar que uno encendiera la consola, se oyera perfectamente, pero no se viera absolutamente nada. O lo contrario, es decir, que se viera bien pero sin escucharse el sonido. O que, directamente, no se encendiera. Un servidor también recuerda que el cable del cargador se averiaba con bastante facilidad, lo que nos obligaba a colocarle un celo o algo similar si queríamos que continuara funcionando. Por no hablar de los botones de la consola, que terminaron cedidos tras tanto machaque con el legendario Olympic Gold.

A romper botones!!
Pero como comentábamos, en general las consolas antiguas tenían menos defectos, y la NES y la Master System son otro ejemplo. La robustez de ambas les permitía aguantar mejor cualquier calamidad que pudieran padecer. Eso sí, sorprende encontrarse con un error que, según parece, no era del todo inusual. Nos referimos a la NES, que podía fallar a la hora de cargar los juegos. Por fortuna, a un servidor nunca le dio ningún tipo de problema. En cualquier caso, parece estar fuera de toda duda que las consolas viejas eran más resistentes. Los 8 bits eran más fiables.
16 bits y cartuchos voladores
Los 16 bits tampoco fueron especialmente problemáticos. Súper Nintendo y Megadrive garantizaban horas y horas de juego sin descanso, y no nos daba miedo que se estropearan. Por eso las teníamos tanto tiempo encendidas sin darles tregua. Quizá alguno piense que esto se debe a que éramos unos inconscientes, pero lo cierto es que no se produjeron demasiados casos de avería en esta generación. Y la mayor parte de ellas tuvo lugar por desgaste o accidente. De todas formas, la Súper Nintendo en particular sí parece que podía ser víctima de un par de averías. La primera, no cargar los juegos por un error relacionado con el lector de cartuchos. La segunda, que ni siquiera se encendiera la consola debido a que el fusible general se fundía.
También había quien se empeñaba en estropear sus consolas, claro está. Sí, suena raro, pero de todo hay en este mundo. Y quien escribe recuerda con pena la peculiar manera de extraer los juegos de la SNES que tenía uno de sus amigos del colegio. Recordemos que para sacar los cartuchos era necesario pulsar el botón ‘eject’ que tenía la consola. Uno lo apretaba y a continuación el juego salía, en ocasiones con un pequeño brinco. La mayoría lo hacíamos con cuidado, pues respetábamos a la Súper, aquella gran consola. Pero salvajes y desalmados siempre ha habido, y este tío no tenía miramientos. ¿Para qué agacharse? - pensaría él -. No era necesario, al menos en su caso. A él le bastaba con un preciso taconazo para que el cartucho saliera disparado, de manera que pudiera atraparlo al vuelo. Un servidor contemplaba la macabra escena llevándose las manos a la cabeza, pero poco más se podía hacer por aquella pobre y maltrecha Súper Nintendo. Una lástima.
Lector de CD, avería segura
Y llegó la siguiente generación, la de PlayStation, Sega Saturn y Nintendo 64. Mientras las dos primeras apostaron por el formato CD, la 64 continuó haciéndolo por los cartuchos de toda la vida. Y aunque el tiempo terminó señalando que el camino era el que emprendieron Sony y Sega, la verdad es que la consola de Nintendo fue mucho más fiable. Y la clave estaba precisamente en el formato. Las dos máquinas de 32 bits daban errores de lectura, y muy a menudo. Así que las consolas comenzaban a dejar de ser aquellas máquinas robustas que casi todo lo soportaban, para pasar a convertirse en frágiles aparatos tecnológicos de ‘mírame y no me toques’. Más valía evitar cualquier movimiento brusco. Y que no se ensuciara. Y que no se moviera… Y que… En fin. Y mientras, el tan denostado formato cartucho de la 64 ahorraba al usuario todo este tipo de disgustos y molestias.
Especialmente sangrante fue el caso de la PlayStation, al menos según la experiencia de quien escribe este artículo. La posición natural de la consola era con la tapa del CD hacia arriba. Hasta ahí todos estamos de acuerdo. Vaya perogrullada, dirá alguno. Ya, pero es que en esta posición la PlayStation no funcionaba. ¿Qué hacer, entonces? Pues nada mejor que colocarla boca abajo. Mano de santo. Entonces sí, entonces la máquina de Sony funcionaba a la perfección. Ni un error, oiga. Unos cuantos sonidos extraños y estridentes, sí, pero nada serio. En fin, que era una chapuza que afortunadamente no evitó el disfrute de los grandes títulos de esta plataforma.

Psx en su posición natural
Los defectos se generalizan
La era de los 128 bits nos trajo cuatro grandes consolas: Dreamcast, PlayStation2, GameCube y Xbox. Y en esta época desgraciadamente comenzamos a asumir que las averías eran algo normal e inherente a las consolas. Aunque las máquinas de Nintendo y Microsoft se salvaron de la quema - habría excepciones, como siempre -, las de Sony y Sega se estropeaban con frecuencia.
El defecto más sonado en el caso de esta última consistía en que la fuente de alimentación se recalentaba. Esto provocaba el reinicio constante e incesante de la consola, cuyo usuario terminaba desesperado. Pero no era el único error de la máquina. La Dreamcast también tuvo otros problemas, como no reconocer los CDs, e incluso no detectar los mandos. Una pena porque, por lo demás, la máquina de Sega fue una gran consola.
La Play2 no le fue a la zaga, pues los errores de lectura estaban a la orden del día. Al parecer, con algunos modelos era necesario añadir una protección extra a la consola para que su lente no se estropeara. Qué ilusión. Y además estaban los típicos fallos de funcionamiento, como aquellos que impedían que se abriera la bandeja o hacían que la consola no detectara memory cards. En fin, que aunque la plataforma de Sony lideraba aquella generación por méritos propios, no es menos cierto que también tenía sus puntos flacos.
El anillo de la muerte

Y así nos plantamos en la última generación videojueguil, la protagonizada por XBOX360, PlayStation3 y Wii. Se trata sin duda de la generación en la que se ha producido la avería más relevante y sonada de la historia de este mundillo: las tres luces rojas de la XBOX360. Y es que uno no tiene más que hablar con sus amigos consoleros para percatarse de la siguiente realidad: prácticamente todos los que han tenido XBOX360 de las antiguas - y no tan antiguas - han sido víctimas de esta avería. Y resulta complicado hallar una excepción.
Ya se sabe lo que dice el refrán: cuando las barbas del vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar. Y por eso muchos colocaban a sus consolas un ventilador. Se trataba de evitar la tragedia. Sin embargo, en este caso nada se podía hacer, era un proceso inexorable, y si la máquina tenía que estropearse lo hacía, tarde o temprano. Y así terminaba sucediendo, no había más que darle tiempo. Vaya, parece que a mí no me ha tocado, pensaba uno. Y era precisamente entonces cuando, ¡ZAS!, anillo de la muerte al canto. Sí, ahí estaban las tres luces rojas que no admitían duda: la consola había muerto.
La solución era enviarla al servicio técnico y esperar a que te mandasen otra nueva. Un servidor lo hizo así y no tuvo problema, pero maldita la gracia que hacía. Sobre todo si, como en un caso conocido por Gaming is LIFE!, uno tenía la mala suerte de que le coincidiera la avería con la caducidad de la garantía. Es cierto que, debido a este defecto generalizado, Microsoft prolongó la garantía de la consola siempre que se tratara de este fallo en concreto. Sin embargo, aun así era posible que la máquina se estropeara fuera de ese período. O que, como decimos, la avería coincidiera justo con los último días del mismo. Y fue exactamente esto lo que pasó. La consola dio muestras de estar en las últimas, y el anillo de la muerte amenazaba con aparecer de un momento a otro, pero la máquina de Microsoft no terminaba de estropearse. Temeroso de quedarse fuera del plazo de garantía, nuestro amigo trató de acelerar la avería de su XBOX360 calentándola con un secador de pelo. El resultado fue que la máquina se quemó, se estropeó definitivamente y, además, el usuario no pudo solicitar el cambio de consola porque no era algo relacionado con las tres luces rojas. Y, claro está, no se podía alegar nada. Un desastre.
PlayStation 3 y su luz amarilla
Por su parte, la PlayStation 3 también tenía su particular luz de la muerte, pero era solo una y de color amarillo. La avería se producía por error de los componentes o sobrecalentamiento, y la solución volvía a ser enviarla al servicio técnico. Otra joya, vamos. En cuanto a la Wii, los problemas que daba estaban relacionados con la mala lectura de los discos, pero al menos consiguió librarse de las ‘luces de la muerte’ de sus competidoras.
¿Y de las portátiles qué? Solo una breve mención que no podemos olvidar: la Nintendo DS y su bisagra que se rompía. Una pena, porque por lo demás la consola era - y es - una delicia.

En resumen, se puede afirmar que esta última generación ha dejado muchísimo que desear en cuanto a la fiabilidad de las consolas. ¿Tendrán tantos errores las de la próxima generación? Esperemos que la cosa mejore.
Y hasta aquí llega nuestro repaso a las principales averías videojueguiles. Como siempre, estaremos encantados de leer vuestras impresiones y experiencias. ¿Se os estropeó alguna consola? ¿Cuál? ¿Cómo fue exactamente? Una tragedia, suponemos. Pero mejor que nos lo contéis vosotros. Os leemos.
By Gorka