Súper poderes en la hierba

       

Nada ni nadie los puede parar. Corren rápidos como el viento y atraviesan materia sólida; disparan el balón con potencia sobrehumana y lo colocan justo allí donde ponen el ojo. Descuellan orgullosos entre la mediocridad del resto, y su sola presencia justifica la elección de su equipo. Son esos jugadores de fútbol que, en sus respectivos videojuegos, ganan partidos y torneos por sí solos.  Y no hablo de marcar diferencias, no. Eso es algo que entra dentro de lo normal. Me refiero a otro nivel, a otra dimensión. Hablo de esos pocos elegidos que se alzan por encima de lo humano. Son jugadores que tienen SÚPER PODERES con todas las letras. Y con mayúsculas. Porque gran parte de los videojuegos de fútbol cuentan con esa peculiaridad: incluyen futbolistas todopoderosos. Curiosamente. Y seguro que a vosotros, queridos lectores, os viene más de uno de estos semidioses a la cabeza. En Gaming is LIFE! nos acordamos hoy de algunos de ellos. Veamos si coincidís con nosotros.



Un tal Diego

En primer lugar tenemos que remontarnos a los tiempos de la Súper Nintendo. Es cierto que antes de ella existieron otras consolas y arcades con juegos de fútbol, pero quien escribe no les dedicó el debido tiempo. No el suficiente como para conocer a sus jugadores, al menos. Pero a la Súper sí, claro. Y en esta consola hubo un juego que ofreció horas y horas de diversión: el mítico Súper Soccer.

Ya por aquel entonces comenzamos a constatar que en esto de los videojuegos futbolísticos también había clases. No era lo mismo Alemania que Bélgica, ni tampoco Argentina que Rumania. Y lo mismo ocurría con los jugadores: los había buenos, regulares y malos. Pero, de entre todos ellos, había uno que destacaba sobremanera. Era un centrocampista ofensivo, y jugaba con argentina. Su nombre era Diego. - Vaya, igual que Diego Maradona - , nos decíamos. E inmediatamente todo cobraba sentido. Porque el ‘Maradona’ del Súper Soccer corría, atacaba y defendía como nadie en el juego. Y es que contaba con un 14 de puntuación en cada una de esas facetas.  Y esto se traducía, en resumidas cuentas, en que era un ‘dios’. Y por eso lo elegíamos, claro.

Jugar con Diego - que curiosamente era el número siete, y no el diez - significaba hacerlo con un tío que saltaba conservando el balón al estilo Oliver y Benji cuando recibían una segada. Diego corría más que nadie y adelantaba a todo bicho viviente y, además, recuperaba el esférico mejor que nadie cuando su equipo lo perdía. ¿Y chutar? Pues, como no podía ser de otra manera, nuestro ‘dopado’ lo hacía fuerte y bien, sacando disparos que por aquel entonces nos parecían auténticos zambombazos, y tirando al suelo al incauto que se interpusiera en la trayectoria del balón. Era Diego, era Maradona, era el mejor del juego. ¿Quién no querría jugar con él?



                   

Allejo, o el Ronado de la 64

La Nintendo 64 nos trajo un título de fútbol que destacó sobre el resto: el International Superstar Soccer 64. La saga ya se había ganado un prestigio en los 16 bits, pero Konami afianzó en las nuevas generaciones todo lo que había venido apuntando en las anteriores consolas. El juego era espectacular y divertido, y contaba con varios futbolistas que, gracias a su buena caracterización, llegaban a ser carismáticos. Uno de ellos, el que nos atañe en este artículo, se llamaba Allejo. Era un tío calvo y atezado, y jugaba con Brasil. Y era delantero. Qué casualidad, ¿no? Pues sí, a todos nos venía a la mente Ronaldo, el delantero brasileño que jugó en Barcelona y Real Madrid. Y el caso es que el tal Allejo era una máquina: corría como una bala, chutaba fuerte como pocos, y disparaba preciso como nadie. Y, cuando era menester, se marcaba unos regates que el juego se sacaba de la manga. En fin, que jugar con él era un chollo y el juego terminaba convirtiéndose en un paseo. Pero claro, era Allejo. O Ronaldo. Y ahí concluía toda controversia.



                 

Ronarid y Oren

Pero si hay un juego que marcó un antes y un después en lo que a ISS, Pro Evolution Soccer o Winning Eleven se refiere - como queramos llamarlo -, ése es el International Superstar Soccer Pro 98. Konami creó una maravilla que pudimos disfrutar en PlayStation y que acabó siendo el ‘juego de los locales’. Éste, y todas y cada una de las secuelas, claro. El título, entre muchas otras virtudes, contaba con jugadores a los que todos podíamos reconocer - recordemos que los nombres eran parecidos a los verdaderos pero no iguales, por tema de licencias -. Y digamos que los ‘dopados’ comenzaron a salir de debajo de las piedras. O eso, o es que los teníamos mejor identificados. En cualquier caso, el título de Konami centró más la atención en lo individual que en lo colectivo.

Lo digo porque si, por ejemplo, uno jugaba con Brasil, la victoria estaba asegurada. Y es que no había más que esperar a que Ronarid - sí, Ronarid, o el Ronaldo de turno - cogiera el balón. ¡Qué manera de correr! Ya podía el rival hacer lo que quisiera, que era imposible detenerlo. Nuestro calvito corría y corría, y el camino hasta la portería contraria se hacía fácil y cómodo. Tumbados en el césped quedaban los ingenuos que habían tratado de detener al mejor jugador del juego. Eso sí, igual que nosotros, nuestro rival también conocía las habilidades del delantero brasileño. Por eso él había escogido jugar con Inglaterra, y usaba el mismo método: pase a Oren - quien todos sabíamos que era Owen - y carrerita hasta la portería contraria en busca del tanto del empate. Sí, el inglés era otro ‘dios’. De modo que el juego terminaba convirtiéndose en la dictadura de unos pocos jugadores imparables. Pues vaya mierda - dirá alguno -. Pues no, era un JUEGAZO.

                

‘Dopados’ de Pro Evolution Soccer

Durante los años siguientes al lanzamiento de este título, los Pro Evolution Soccer nos trajeron más semidioses futbolísticos. Aunque resulta imposible acordarse de todos, sí trataremos de acercaros los nombres y detalles más significativos:

  • Roberto Carlos: un servidor lo recuerda como Roberto Larcos. Era una auténtica bestia chutando y corría a toda pastilla. La mejor opción era situarlo de delantero o extremo izquierdo para aprovechar su potencia de disparo y gran velocidad. Ya sabemos que en realidad Roberto Carlos era un crack, pero hombre… esto era pasarse, ¿no os parece?
  • Martins y Nigeria: los Pro Evolution Soccer hicieron bueno el dicho de ‘el negro que corre’. O sea, era jugar con Nigeria y el juego adquiría otra velocidad. Vamos, que parecía que estaba acelerado. Y Martins, quien fuera delantero del Inter de Milán, era el mejor ejemplo. También estaba Babangida, otra bala. De ahí que muchos optaran por la selección africana para jugar. Y es que correr rápido siempre fue muy importante en estos juegos.
  • Shevchenko: tengo un amigo que, cuando le preguntabas con qué equipo iba a jugar, él te respondía ‘Shevchenko’. Ni Ucrania, ni Milán, ni nada. Y lo cierto es que no había mejor manera de expresarlo. ¿Quién quería jugar con Ucrania? Seamos serios, de no estar Shevchenko, Ucrania nos importaba un pimiento. De modo que escogíamos a Shevchenko, y os podéis imaginar por qué: dopaje extremo. El tío agarraba el balón y se lanzaba como un poseso en dirección a la portería rival. Corría muy rápido y resultaba complicadísimo arrebatarle el esférico. Y además, metía goles de todos los colores y en cualquier circunstancia. Así que estaba claro. ¿Ucrania? No, yo Shevchenko.
  • Adriano: ya sé que es el que todos estabais esperando, pero he decidido reservarlo para el final. Para darle emoción y esas cosas. Sí, puede que Adriano constituya el máximo exponente de ‘dios futbolístico en los videojuegos’. Son años y años dedicados a este vicio, pero quien firma abajo jamás ha visto cosa semejante a la del delantero brasileño. El crimen se cometió en el Pro Evolution Soccer 6. El Inter entero era un despropósito plagado de dopados (Ibrahimovic, Recoba, Cambiasso…), pero lo de este tío superaba todo lo habido y por haber. Atravesaba jugadores al estilo Mark Lenders y marcaba gol casi desde cualquier posición. ¿Medio campo? Venga, vamos a chutar, que igual entra. Y si no, córner u ocasión clara. Y tampoco es que fuera lento. De modo que jugar con Adriano - y con el Inter - terminaba siendo aburrido, pues quien lo elegía ganaba siempre. A no ser que fuera manco, claro. 

A partir de aquí el declive de los Pro Evolution Soccer fue ineludible, y los FIFA fueron ganando terreno. Tanto, que durante los últimos años se han impuesto con claridad porque, hablando claro, son mejores juegos. Sin embargo, en este artículo nos hemos centrado casi exclusivamente en los PES. Por eso, como siempre, nos gustaría contar con vuestra participación. ¿Quiénes son los más ‘dopados’ en los FIFA? ¿Hay alguno que recordéis en cualquier juego y que no está en el artículo? Estamos deseando conocerlos.


By Gorka


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